Tirar un muro de carga. Suena obvio y pasa todo el tiempo. No todos los muros se pueden quitar, y el que sostiene tu losa no viene marcado. Antes de la primera marrazo, alguien tiene que dictaminar qué es estructura y qué es divisorio.
No revisar instalaciones. Remodelar una cocina sin revisar la hidráulica es garantizar que vas a picar el piso nuevo en dos años. Si el inmueble tiene más de veinte años, casi siempre conviene cambiar tubería mientras los muros están abiertos.
Remodelar sin proyecto. «Vamos viendo sobre la marcha» es la frase más cara de la construcción. Sin planos no hay presupuesto cerrado, y sin presupuesto cerrado el costo lo decide el albañil cada semana.
Elegir acabados al final. El piso, la carpintería y los muebles de baño tienen tiempos de entrega. Elegirlos cuando ya se necesitan instalar es cómo se paran las obras.
Remodelar de más antes de vender. Si el objetivo es vender, no toda inversión regresa. Hay intervenciones que multiplican el valor percibido con muy poco — pintura, fachada, iluminación, cocina — y otras que jamás recuperas. Vale la pena preguntar antes de gastar.
Escrito por Arq. Mariana Cordero
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